viernes, 28 de enero de 2011

Demente

No me llames

así

si el esperarte únicamente me convierte

en una escisión de ti.



De lo que eres

Y de lo que me hiciste ser.

A mi,
que perdí la cordura
buceando en tus ojos verdes.

lunes, 24 de enero de 2011

Conversaciones al amanecer (I)

- No me mires así, sabes que lo odio.
Dice ella, cerrándole la puerta del baño en las narices.

- Te he salido un nuevo lunar en el hombro derecho.
Murmura él ante la puerta cerrada.

- ¿Qué?
Sale del baño y escudriña su expresión.

- Pareces idiota.
- Tal vez lo sea. ¿Dónde vas? Estás muy guapa.

No, ya no se acordaba del lunar nuevo que le había salido en el hombro derecho. Sí, él también piensa en lo mismo, pese a poner un casi delante del siempre.
Nadie es perfecto, ¿no?

Ella le besa con cuidado la punta de la nariz y se marcha a trabajar.




sábado, 22 de enero de 2011

A veces, despertar duele.


Aquella madrugada, mientras observábamos amanecer, anochecíamos nosotros mismos.
A veces, cuando se te desdibuja la sonrisa del rostro, mirarte me pesa. 
Otras veces, cuando se te apaga la mirada, no sé hacia dónde verte. Pareces volatilizarte en el aire de tu propia ausencia.



Anoche me propuse contar todas las veces en que me he sentido como una extraña ante tu presencia. Como una intrusa en nuestras conversaciones. También me propuse reconocerme al mirarme en el brillo ausente de tus ojos, pero no pude: aún los tenías cerrados.
Cuando ya el Sol comenzaba a avanzar sigiloso por mi habitación, abrí los ojos muy despacio, temiendo que volviera a hacerse de noche si lo espantaba. Allí estaba, tendido sobre mis pupilas, como un frágil ave dormitando ajeno al peligro. Un sueño perdido. Un sueño que no había podido soñar. Cuando la luna se fue de puntillas llevándose hasta su olor, volví a sentirme sola. Palpé el hueco que había dejado tu presencia lejana en la almohada.
Y supe que allí nunca había habido nada. Y que ya no estaba dormida.


Que jamás había estado más despierta...



martes, 18 de enero de 2011

Conversaciones al anochecer (III)

- Mira, cielo, yo no puedo seguir esperándote eternamente.

Aún con la rudeza de las palabras que se le caían de los labios a borbotones, su expresión no cambiaba lo más mínimo.

Curioso... pensaba ella, divertida, sin decir ni mu.

- Sé que me quieres, y yo te tengo en mucha estima también, pero has de comprender que mi espíritu es libre y que esas chicas también me necesitan...

No estoy segura de que estas fuesen sus palabras, pero sin duda fue lo que a ella le sugirieron. Necesito un café... ¿me lo traes y así te callas? Pensó, sin abrir la boca.

- (...) Resumiendo, que eres increíble (bla, bla, bla, bla) (piropos que estaban totalmente fuera de lugar) (bla, bla, bla). Y no es por ti, es por mi.

Uy, de tanto pensar en términos cuyo significado desconoce, calculo que en un par de años, ya tendrá problemas de alopecia. Su mutismo hubiera resultado desquiciante para cualquiera, sin embargo, la hipocresía que emanaba de la figura de aquel chico era suficiente para ocupar el salón entero.

- ¿Y qué dices?

Ella posó la vista con fingida indiferencia sobre el gélido océano de sus ojos azules-de-mentiroso.

- ¡Ah!, ¿me hablabas a mi?; - dijo, simplemente.

No obstante, al observar su espalda por última vez mientras se marchaba, no supo si quería echarse a reír o romper a llorar.
La cafetería, de repente, se había quedado muy vacía. Y la temperatura había caído unos veinte grados.

sábado, 15 de enero de 2011

Pequeñas promesas

Prometo no creer todas esas promesas

que apenas llegaste a pronunciar,

que anunciaron tus ojos a lo lejos

mientras el cielo amenazaba con diluírse

en miles de pizquitas de cristal.


Prometo no prometerte que no te seguiré

que no me esconderé bajo la cama,

que no te despertaré cuando crea que me sueñas.


Perdiste el derecho a soñar - me

tropecé a la entrada de la madrugada.

Di un traspiés

reboté en la cama y aterricé en el tejado.


Tengo ahora los besos oxidados,
y la yema de mis dedos aún sueñan con la línea de tu espalda,
con fundir mis labios...


Pero siendo realista,
lo único que tiene sentido

es que yo ya no estoy.

Y que tú no estuviste jamás.



{Luego trataré de devolverles los comentarios ^^}

domingo, 9 de enero de 2011

Desvíos

A veces, si me pongo a pensarlo bien,

puedo apreciar las ventajas de no tener corazón.

De que te lo llevases.

En momentos como este me podría la tentación de sacármelo con unas tenazas.


Gracias por recordarme que así es mejor.

Es mejor que nunca me quieras como yo te quise

o quiero

o querré.


Así es más fácil hacer las maletas

Iré por un desvío de esta carretera (a la que creo llaman vida)
Pararé un instante en cualquier estanque para ver lo que queda de mi sonrisa
y perder los trozos que se me vayan cayendo
yertos
fríos
hasta llegar a un nuevo y mísero motel. Perdido. Aislado.
Húmedo. Hueco.



Luego seguiré andando. Como siempre.


No te alarmes.
Ya sabes que no me gusta darme por vencida.

sábado, 8 de enero de 2011

Yo también sé soñar con cerillas

Y con luces de colores.

Con auroras boreales que nada de especial tienen si no vienes a verlas conmigo.
Y con amaneceres que sin ti parecen más vacíos.

Con saltar entre las nubes.
Y con caer indefinidamente.

Yo también sé soñar con fuegos artificiales,
con el murmullo de la gente a lo lejos, aplaudiendo,
mientras yo me quedo absorta, ausente, suponiendo qué pasaría si alargase la mano para coger alguna de esas chispas fugaces que se apagan enseguida.

Lo que no sé es soñar en blanco.
O en negro.

O sueño, o no sueño.
O sueño y despierto...
O no sueño y creo que aún no me he despertado.


Anoche soñé que mi habitación se empequeñecía
y yo con ella.
Y que ambas, salíamos volando hacia las nubes.

Pero como siempre que me pasa cada vez que desvarío,
el fuego se lo comió todo.

Esta mañana había tres cerillas gastadas en el suelo.

Tres.

Se me han quemado tres sueños más.

Tres.
Me quedan tres sueños menos.

Si la vida es sueño...


¿...?

viernes, 7 de enero de 2011

Conversaciones al anochecer (II)

- ¿Sigues despierta?

Le susurra, con los labios posados sobre su frente.
Ella se remueve bajo las sábanas color melocotón y un oscuro mechón de pelo, rebelde, se le desliza por el rostro.
Lo aparta con delicadeza y la observa. Cierra los ojos, intentando deshacerse de ese insomnio inoportuno que le atenaza.

Nunca sabría que ella lo estaba soñando. Ni que cada noche se quedaba dormida contando los latidos de su corazón.


Y yo aquí, malgastando pilas en un reloj que
nunca consigue despertarme.

O al menos, no del todo.



D.I.

jueves, 6 de enero de 2011

Conversaciones al anochecer (I)

- Eres un puto lunático.

Le dice ella a él, mientras sus ojos aún siguen enganchados y los besos se le enredan en las mejillas.

- Y tú eres de mis noches, la luna llena.

Le dice él a ella, jugueteando con los reflejos rojizos de sus cabellos a la luz de unas velas.
Y aún sin electricidad, creo que pasaban menos frío que yo, sumergida en esta noche medio nublada.

martes, 4 de enero de 2011

Día en blanco

o en negro, según se observe.

Empecé, tal vez, a darme cuenta de que sentía cosas

que antes no.

¿ Más vale tarde que nunca ?

No.

Pese a todo,

el corazón aún me escuece.


y lo peor, 
es que sea por tu culpa.