lunes, 30 de mayo de 2011

Conversaciones al amanecer (III)

Aún recordaba cómo era despertar y ver su media sonrisa. Y preguntarse con qué estaría soñando para sonreír de esa forma y abrazarse a la almohada con tanto ímpetu.
Sí, aún recordaba la mueca que ponía siempre que la contradecía. La arruguita que se le formaba en la frente. La forma en que se encogía para cruzarse de brazos... Lo rápido que sus enfados se transformaban en caricias pasados unos segundos.

No recordaba bien el instante en que todo hubo acabado. Fue tan fugaz que tan siquiera le dio tiempo a reaccionar.
Ella cruzaba la calle para verle. Llevaban más de un mes sin estar juntos. Recordaba su ropa: la misma que llevaba la primera vez que se vieron. Recordaba perfectamente la vocina de aquel Seat azul. El momento justo en que ella se derrumbó y las lágrimas acudieron a sus ojos. Sus cabellos negros desparramados por la calzada. El silencio que precedió a la catástrofe.

Y luego, el vacío que en su lugar quedó bajo aquellas sábanas naranjas, acompañado siempre de ese perfume a Halloween que tanto le gustaba. Ella era su niña, su estrella, su razón.

- ¿Me echabas de menos cariño?

- Sí, Lucía, siempre.



sábado, 14 de mayo de 2011

Brindis por la indiferencia

El mundo arde

mirándolo tras mis pupilas disecadas.


Aislados de la vida yacen

esos quizá que nunca fueron:

esas incertidumbres disimuladas

fingidas.

Esos no camuflados de pena.



No me interesa que lamenten el daño
que estas cadenas provocan a mi vida.

Me importa poco que mis lágrimas sepan amargas
a esos labios que ni son míos ni quiero besar de nuevo...



Al menos permíteme regocijarme en las mentiras que yo misma fabrico
para consolarme.
Ahora que el único consuelo que me queda es ignorar lo que pueda ser mañana
fijándome en este presente putrefacto...
Al menos, permíteme ser esa cría ansiosa de una libertad que malgastar
perdiendo el tiempo
en no cumplir los sueños que alguna vez tuvo.


Deja que me rinda.
Así seremos libres ambos. 

miércoles, 4 de mayo de 2011

Lo fatal

Los niveles de patetismo han alcanzado tal altura
que ya ni siquiera me siento decepcionada.

Cabalga. Navega en criterios sin fundamento alguno
a los que pretende sostener con espirales de palabras,
demasiado rebuscadas para mi gusto.

Pretendiendo ser simple, acabaste por mostrarte más deco(lo)rado que una poesía barroca.
Por mostrárteme como sé que no eres de verdad.



Y me molesta.


Me molesta por el simple motivo de que ya brillas
por ti mismo
sin condimento.

Y no, no quieres darte cuenta.
No quieres que me de cuenta de ello aunque me estés deslumbrando constantemente.


Te confundiste.
La luz nunca me ha atraído.

Tiendo a huir de ella y esconderme en bosques de abstracción e incongruencias.
Tiendo a esconderme debajo de los trazos de mi persona que no muestro por disgusto.
Me disgusta ser yo.

Me disgusta que te guste que sea yo.


Me disgusta porque no sabemos querernos.
No sin que todas las heridas se nos abran de golpe.

domingo, 1 de mayo de 2011

Lo que ya sabemos

¿Es que no entiendes


que puedo adivinar fácilmente en qué piensas


con mirarte únicamente a esos ojos tuyos


que tanto escondes?


Y mientras que

d e s p a c i o

me desplazo

y te me desplazas

al borde de este precipicio,

dejándonos arrastrar por lo que ignoramos si sentimos

o esperamos a sentir...


Mientras tanto yo practico lo de ponerme en mi  piel

y aguantarme las ganas de arrancármela a tiras.