viernes, 30 de septiembre de 2011

Enloquece(r)

Hazme un hueco
(lo bastante grande)
a la altura de tu ombligo.

Quiero que las cosquillas
te lleguen hasta las puntas de los pies
pasando por tu cabello
y deteniéndose en tu nuca,
dando un paseo por tu cuello.

Me gusta la locura
cuando sabe a noche.

Dame tiempo
y acabaremos igual de locos.

O peor
terminaremos por estar tan mezclados
que no lleguemos a diferenciar dónde acaban
tus labios
y empiezan los míos 

(aunque sean más tuyos de lo que crees)


jueves, 1 de septiembre de 2011

Conversaciones al amanecer (IV)

-Pues convénceme...

Dice fingiendo un enfado que ambos sabéis que no es real, pero te encanta.
A veces desespera los bruscos cambios que toma su personalidad, demasiado puntiaguda en los extremos en que se torna de pronto. Y casi nunca puedes hacer nada. Tal vez sea eso lo que tanto te desespera, no poder impedir que la sonrisa se le convierta en llanto pasados dos segundos. Aunque en medio haya habido una sola palabra. Es tan bipolar que te desquicia, y a la vez necesitas sujetarla fuerte para que no se rompa.
Porque puede romperse.

- Ayer me dijiste que vendrías... incluso me hiciste seguirte durante horas por todas esas tiendas para encontrar el vestido...

-¡Ese estúpido vestido que me queda como un saco! Ayer te dije que sí, pero hoy no tengo ganas. Estoy horrible. Ve tú sólo y pásatelo bien.

Vuelves a contener otra sonrisa, no es verdad que el vestido le quede peor que ayer, pero sabes que cuando se pone de los nervios lo mejor es no hacerle mucho caso... Además, sabes que al final volverá a cambiar de idea y se apresurará a vestirse sin dejar de repetir lo horrible que está y el poco tiempo que tiene.
Te acercas y la besas para que se calle, mientras le enseñas los zapatos que ella, por supuesto, recoge refunfuñando.