jueves, 3 de noviembre de 2011

Conversaciones al amanecer V

Ella creía que no había nada más fascinante que verle a él despertar. Hacerse el remolón con algunos cabellos aún enredados en sus labios. Que parpadease varias veces como para salir de los sueños y volver al mundo real. Pillarla mirándole in-fraganti y recibir por respuesta únicamente una sonrisa.
La más hermosa del día, y no porque las demás no lo fueran. Sino porque aquella era su sonrisa, la única que era para ella y nadie más. La primera de todas. La que le hacía recordar con más fuerza por qué le quería tanto.

- ¿Ya estás despierta? 
Su voz remolona la volvía loca, pero nunca le dijo nada. Aquella pregunta obvia con respuesta más obvia aún era sólo una estratagema para arrastrarla hasta sus brazos y besarle la mejilla. Trampas ya desde tan temprano. ¿Para qué engañarse? Ambos lo querían.

- Empiezo a pensar cada día más que te haces el dormido sólo para pillarme mirándote.
Aunque fuese cierto, no le importaba lo más mínimo. Ella quería ser abrazada y él quería abrazarla.

¿Acaso hacía falta alguna otra verdad distinta?



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Muchas gracias por sus comentarios.
Trataré de pasarme por sus casas este viernes.
Y sobre todo... ¡Gracias por ser ya 220 duendecillos!

5 comentarios:

  1. Es increíble lo fácil que es imaginarse lo que escribes. Siempre encantada de leerte. :)

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  2. Esos trucos, juegos y trampillas le ponen risas al amor.

    Un saludo

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  3. Su primera sonrisa del día era para ella, y viceversa. La verdad es que es una rutina magnífica.

    Bonito texto, como siempre ;)

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  4. Qué bonito, yo me apunto a esos despertares!

    Una sonrisa.

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  5. Abrir los ojos y ver una sonrisa... bonita manera de empezar el día bss

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