domingo, 16 de diciembre de 2012

Callo lo que grito... ¡Y grito que te calles!

No puedo ver nada

más allá

de tus ojos...

Callados.

Opacados por el tiempo que ha pasado

- sin pedir-te permiso -

por tu alma...


Cansada.

Tanto dejé atrás que ni recuerdo

¿ cuánto ? tenía.

Tanto olvidé por ti que ni siquiera

me acordé de respirar...

Y ese agujero

en mi pecho

se llenó

de los cuervos

de mi angustia.


L á g r i m a s

de rabia callada.

Retenida fuente

de dolor y valor incalculables.

Te llevaste mi alma

Mi hueco y hasta mi aliento.

¿Qué coño dejaste, entonces, en este cuerpo vacío?



Devuélveme mi suerte...

Que aunque mala, siempre me hacía compañía,

cuando hasta despertar pesaba

y aun así... lo hacía.

Ahora ni me despierto.

Seré la durmiente, para siempre, en este angosto viaje.