domingo, 12 de mayo de 2013

In-somnia

Silencio

Ese eco que se encarga de cargárselo todo.
Ese run-rún siempre ronroneándote en la oreja

desde lejos
desde cerca
volviéndote, cada día, un poquitín más loco.

Y cada día, cuenta,

y pesa,


y c a n s a más que el anterior.


¡Qué admiración

llegué a sentir por aquella gente

que no se cansaba de des-cansar!

Ahora llevo meses,

años,

siglos,

sin pegar ojo.

Y aquel ojo brillante se burla,

y cada noche desaparece dejándome a oscuras,

con el e c o, que no calla.

Y se callan los recuerdos cuando ya no queda tiempo para dormir,

me enmarañan la noche para luego irse sin más,

deshaciéndose en un sinfín de estrellas decaídas,
caídas, en mi almohada,
tililan-do en el silencio.

El día despierta,
cuando yo aún no he dormido,
y así duermo cuando otros obran
y obro cuando otros sueñan.
No queda tiempo para des-pertarse,
cuando nunca llegaste a dormirte

No queda tiempo para soñar,
cuando apenas si vives.
En medio de tanto eco
de sueños
que pasan
rozando
mi calma.

Mejor será callar,
y reír y llorar al tuntún,
mientras ellos callan, ríen y llorar a cada rato,
con motivos más o menos susceptibles de serlo.

Yo, mientras, les observo.
Me río de mi. Me río de ellos.
Y dejo que vuelva el silencio con sus ganas de no-dormir.

Porque hablo más alto en sueños que moviendo los labios,
mientras mis palabras describen parábolas
decrecientes...
Porque por mucho que se difuminen,
las palabras
nunca mueren.

Y en estas noches de insomnio,
necesito creerme que hay cosas que no mueren,
para no dejarme caer al letargo
de un día sin sueños.