jueves, 18 de diciembre de 2014

Descenso

Hundidos
deseos,
sueños
i n c i e r t o s,
frágiles
verdades.

Piedad
Calma 
Sosiego

Lo único que piden
Lo único que exigen
Para apartar el miedo.


Trágico
Saber perdido el sentido mismo de la vida.
¿Vivirla?
Sentirse roto.
Vacío.
Caído.
Corrupto.

Muerto.

Aunque ese corazón, helado, hastiado, 
siga palpitando mentiras
enmascaradas de realidades.

Aunque la i n e r c i a siga guiando
tus pasos
hacia el abismo.


Porque nada queda sin la esperanza.
Nada queda sin el sabor
dulce
que deja un sueño al marcharse.
Sólo oscuridad.


Y un alma hecha trizas
sin nada más que ofrecer.


Nada, salvo silencio.


Debiste tener en cuenta 
que en el descenso a tu mundo interior
ese que nadie ve
ese que ni tú misma comprendes
podrías perder el rumbo.

Y ahora, no puedes volver.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Desconexiones

Almas que parecen h u e c a s,
pero no lo están,
sólo están cansadas,

hastiadas,

de no poder ser lo que desean mostrar.

Porque el mundo es hostil
y mucho más
con los v a l i e n t e s...



Porque los cobardes (que son mayoría)
saben buscar esa inseguridad,
por nima que sea,
que se esconde bajo tu máscara de plenitud.


Entonces hay que luchar
contra viento y marea
y tempestades
contra esas desconexiones que nuestro alma
nuestro ser
nuestra mente
programa de vez en cuando 
para liberarse de las adversidades.


Porque cuando estás apagado
o fuera de cobertura
acuden los tiburones.

Y si el alma se te escapa entre los labios,
no dudarán en robártela.


Y hacerla trizas.

domingo, 17 de agosto de 2014

Pérdidas

Amaneció sonriente, con la mirada llena de aquella chispa de vida que tanto adorabas. Sólo recuerdas que preparó las tostadas antes de irse al trabajo, un poco quemadas, como siempre. Porque, sí, era un desastre. Pero era TU desastre, y por eso te gustaba. 


Todo en ella era tan imperfecto, que la hacía aún más perfecta.
Vivíais en una burbuja sin daros cuenta de lo difícil que es estar al margen del mundo, y vivir dentro de él.

Con el café llegaron las malas noticias.


Habían encontrado su coche cerca de una avenida.
Vacío.
Había restos de sangre y esa pulsera tan bonita que le regalaste el mes anterior.
No estaban ni su móvil ni el dinero de la cartera.


Y la realidad te golpeó tan deprisa que pinchó la burbuja de golpe...
Tu felicidad se esfumó tan pronto como tu cigarro.
Al darte cuenta de que no volverías a ver
jamás
sus ojos azules brillar con la luz de la mañana.
Ni a probar sus tostadas medio quemadas.
Ni su café con poco azúcar.


Entonces recordaste aquella terrible frase que tanto te repitieron.
"No aprecias lo que tienes hasta que lo pierdes".
Y lo perdiste, aunque tú si supiste apreciarlo.

Y fue incluso peor.

Porque siempre,
siempre,
duele.
Digan lo que digan.


sábado, 26 de abril de 2014

Límites

Sentir

Vivir

V o l a r

Caer

Dolor

Pasión

Sangre

Sudor...

Y lágrimas.
Sobre todo, muchas lágrimas.


Anoche el c i e l o se inundó de estrellas insomnes, que iluminaron su incapacidad para conciliar el sueño.
Maravillosa sinfonía de colores se adivinó entre las constelaciones reflejadas en sus ojos huecos.
Yertos.
Secos.
Atónitos.
Absurdo fue pensar que en una noche así, tan idéntica a tantas otras, sí podría lograr tal proeza.
Soñar llevaba mucho sin estar entre sus capacidades. Se la dejó aparcada junto a los versos y a las canciones, que otrora perfilaban su forma de ver el mundo.
Había perdido el rumbo entre tanto ajetreo. El rumbo y la e s t e l a de emociones que hasta entonces había estado guiando sus pasos.
Nunca estuvo más perdida ni menos preocupada por ello.
Aquello no podía ser buena señal.



El Sol salió sin darle si quiera los buenos días...
Y lo peor de todo es que ni siquiera lo echó de menos.
Ahora estar vacía le recordaba que seguía estando.
Porque una existencia a  medias es mejor que no existir.
¿O no?

Dibujó una sonrisa y siguió caminando, sin prisas, rumbo a un destino nuevo.
Quién sabe a dónde la llevarán sus pasos titubeantes.
Erráticos.
Sin rumbo.


Paso a paso, sobrepasó sus límites y siguió avanzando.
Porque hacia delante es al único lugar al que puedes ir, cuando no perteneces a ninguna parte
Como equipaje llevaría, por siempre, sus palabras.
Lo único que la definían dentro de sus contradicciones.

Give me one more chance

Sonríe con timidez, observando el mundo tras sus largas pestañas.
Los tacones de cristal repiquetean contra el pavimento, haciendo que algunos se vuelvan a mirarla.
Pero ella no se da cuenta. Nunca se ha dado cuenta.

Él la miraba desde hacía mucho. Llamó su atención por alguna razón que nunca llegó a comprender.
Era normal, del montón. Y aún así, no podía dejar de mirarla. Cada día, al pasar, siempre aferrada a su carpeta, a su burbuja. A su eterno silencio.
De vez en cuando sus miradas coincidían, y un tierno rubor afloraba. Pero cada uno se sumergía en su mundo. Separados.

Ninguno avanzó nunca hacia el otro.
No tenían excusas ni motivos para acercarse, aunque desearan hacerlo más que cualquier otra cosa.


Aunque el Sol les llamara a pasear bajo él, a tumbarse en el frescor de la hierba de cualquier parque...
Eran dos desconocidos. Distantes. Distintos. Aunque se sintieran completos al encontrarse.


Aquella mañana se sentía fuerte.
Valiente.
Tenía la sensación de que podría comerse el mundo si quisiera.
El mundo entero parecía recibirle con una sonrisa...


Caminaba por la calle, pensando en que era el día perfecto para acercarse.
Para romper de una vez por todas la distancia que los separaba.
Pero la vida no suele dar segundas oportunidades.


Cuando encontraron su cuerpo, aún sonreía.
No había duda de que había terminado sus días sintiéndose libre.
Capaz de cualquier cosa.
Una carta bajo su brazo.
Palabras que reflejaban un sentimiento puro y sincero
que nunca llegó a ser.
Que nunca llegaría a ser.

¿Para qué dejar para mañana lo que puedes hacer hoy?