domingo, 17 de agosto de 2014

Pérdidas

Amaneció sonriente, con la mirada llena de aquella chispa de vida que tanto adorabas. Sólo recuerdas que preparó las tostadas antes de irse al trabajo, un poco quemadas, como siempre. Porque, sí, era un desastre. Pero era TU desastre, y por eso te gustaba. 


Todo en ella era tan imperfecto, que la hacía aún más perfecta.
Vivíais en una burbuja sin daros cuenta de lo difícil que es estar al margen del mundo, y vivir dentro de él.

Con el café llegaron las malas noticias.


Habían encontrado su coche cerca de una avenida.
Vacío.
Había restos de sangre y esa pulsera tan bonita que le regalaste el mes anterior.
No estaban ni su móvil ni el dinero de la cartera.


Y la realidad te golpeó tan deprisa que pinchó la burbuja de golpe...
Tu felicidad se esfumó tan pronto como tu cigarro.
Al darte cuenta de que no volverías a ver
jamás
sus ojos azules brillar con la luz de la mañana.
Ni a probar sus tostadas medio quemadas.
Ni su café con poco azúcar.


Entonces recordaste aquella terrible frase que tanto te repitieron.
"No aprecias lo que tienes hasta que lo pierdes".
Y lo perdiste, aunque tú si supiste apreciarlo.

Y fue incluso peor.

Porque siempre,
siempre,
duele.
Digan lo que digan.