miércoles, 30 de septiembre de 2015

Conversaciones al amanecer VI

El café, humeante, aún la espera sobre la mesa. Miras el reloj con una media sonrisa. Para variar, otra vez llega tarde. Escuchas el sonido de la ducha, y su voz, dulcemente desafinada, retumba por todo el pasillo. Siempre canta esa canción cuando está de buen humor. Dice que la odia, pero que le recuerda lo que es estar feliz. Adoras la arruga que se forma en su frente cada vez que le comentas esa contradicción. Te gusta hacerla reír casi tanto como molestarla...




Hoy te has despertado de buen humor, y lo mejor de todo es que él no tiene ni idea de por qué. El motivo es bastante simple, puede que incluso tonto. En mitad de la noche, en una de esas veces que te despierta hablando en sueños, le has escuchado decir tu nombre. Nunca antes le había pasado. Parecía llamarte de forma desesperada. Y tú lo has oído. Besaste su frente y sonrió. ¿Cómo no vas a cantar? ¿Cómo no vas a estar feliz? Eso tiene que significar algo. Tiene que significar que te quiere más incluso estando dormido...




Lo más curioso de la imaginación, es que puede ser tan traicionera como maravillosa.
Porque eres capaz de imaginar esa hipotética vida, a su lado, pero eres incapaz de dar un paso,
ese paso,
en su dirección.

Mejor sigue soñando.
Allí, al menos, todo es más sencillo.

sábado, 21 de marzo de 2015

Sombras


Asombradas
nos miramos
la una  a  la otra
a través del espejo.




Muchas cosas han cambiado,
y otras tantas siguen como siempre.
Y sin embargo, todo parece distinto.

Todo parece menos...
Natural.

Lógico.
Evidente.




La superficialidad de nuestras m i r a d a s
me dan una pista de por qué.




Tanto tiempo mirando hacia adentro
ha perjudicado nuestra capacidad
de contemplar lo que hay fuera
Con todo lujo de matices.

Las c i c a t r i c e s,
sin embargo,
nos recuerdan que,
aunque no la veamos,
nuestra realidad sigue siendo la misma,
y no podemos escapar de ella.




O al menos, no del todo.


sábado, 7 de febrero de 2015

Cicatrices

Te despiertas de pronto,
b r u s c a m e n t e,
abriendo los ojos de par  en  par.

Al principio no ves nada,
estás confusa,
no sabes dónde estás.
El despertador aún no ha sonado.

P a r p a d e a s unas cuantas veces,
intentando adaptarte a la oscuridad.
Creíste oír algo,
y tu palpitar,
acelerado,
desvela la verdad.
Eras tú.


Estabas gritando.
Sigues gritando.



Sientes esa presión en el pecho,
ese nudo en la garganta.

Duele.
Duele mucho.

Observas la almohada empapada con tus lágrimas.

Y ahí te das cuenta
de que aún no ha cicatrizado.
La herida.
Esa herida que te acompaña desde hace años
y que creíste finalmente controlada.

Escondida.
Guardada bajo llave.


Pero la realidad es que aún sigue 

o

Nunca ha dejado de hacerlo.