sábado, 7 de febrero de 2015

Cicatrices

Te despiertas de pronto,
b r u s c a m e n t e,
abriendo los ojos de par  en  par.

Al principio no ves nada,
estás confusa,
no sabes dónde estás.
El despertador aún no ha sonado.

P a r p a d e a s unas cuantas veces,
intentando adaptarte a la oscuridad.
Creíste oír algo,
y tu palpitar,
acelerado,
desvela la verdad.
Eras tú.


Estabas gritando.
Sigues gritando.



Sientes esa presión en el pecho,
ese nudo en la garganta.

Duele.
Duele mucho.

Observas la almohada empapada con tus lágrimas.

Y ahí te das cuenta
de que aún no ha cicatrizado.
La herida.
Esa herida que te acompaña desde hace años
y que creíste finalmente controlada.

Escondida.
Guardada bajo llave.


Pero la realidad es que aún sigue 

o

Nunca ha dejado de hacerlo.