miércoles, 30 de septiembre de 2015

Conversaciones al amanecer VI

El café, humeante, aún la espera sobre la mesa. Miras el reloj con una media sonrisa. Para variar, otra vez llega tarde. Escuchas el sonido de la ducha, y su voz, dulcemente desafinada, retumba por todo el pasillo. Siempre canta esa canción cuando está de buen humor. Dice que la odia, pero que le recuerda lo que es estar feliz. Adoras la arruga que se forma en su frente cada vez que le comentas esa contradicción. Te gusta hacerla reír casi tanto como molestarla...




Hoy te has despertado de buen humor, y lo mejor de todo es que él no tiene ni idea de por qué. El motivo es bastante simple, puede que incluso tonto. En mitad de la noche, en una de esas veces que te despierta hablando en sueños, le has escuchado decir tu nombre. Nunca antes le había pasado. Parecía llamarte de forma desesperada. Y tú lo has oído. Besaste su frente y sonrió. ¿Cómo no vas a cantar? ¿Cómo no vas a estar feliz? Eso tiene que significar algo. Tiene que significar que te quiere más incluso estando dormido...




Lo más curioso de la imaginación, es que puede ser tan traicionera como maravillosa.
Porque eres capaz de imaginar esa hipotética vida, a su lado, pero eres incapaz de dar un paso,
ese paso,
en su dirección.

Mejor sigue soñando.
Allí, al menos, todo es más sencillo.

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